Critica del concierto de Roger Waters en Palau Sant Jordi (Barcelona) el 13 de Abril de 2018La mas completa agenda de conciertos y bares, asi como la biografia y discografia de los principales grupos que tocan en Barcelona.
    

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Roger Waters
Palau Sant Jordi
13/04/2018

Texto: Fernando Poveda
Cartel promocional

Espectacular, impactante, deslumbrante, podrían ser perfectamente los adjetivos que mejor encajen con lo que ofrece el alma de Pink Floyd en la gira europea de “Us + Them”, que inició el pasado 13 de abril con dos fechas consecutivas en el Sant Jordi barcelonés. Con la excusa del nuevo LP “Is This The Life We Really Want?”, el bajista dio un repaso bastante completo a los grandes éxitos de los Floyd y picoteó mínimamente en sus nuevas canciones, algo que no esperaba, pero que a la postre amplifica y revaloriza la experiencia. A sus 74 años, era de esperar que, dado cómo está el patio, su activismo impregnara gran parte del show, mediante un despliegue realmente asombroso: pantalla LED gigantesca tras el escenario, la reproducción de la termoeléctrica que figura en “Animals” sobre las cabezas de los presentes, el cerdo volando, los lásers de nuevo sobre el público recordando “The Dark Side Of The Moon”, etc., etc. Como digo, alucinante, quizás lo más imponente visto en un concierto de rock por mi parte en este sentido, siendo difícil no sentir la música como mero accesorio en ciertos momentos, pero sería injusto quedarse con ello y no situar por encima el excelso y preciso recital que la banda formada por hasta once miembros llegó a plasmar, milimetrado y calculado al detalle, ofreciendo más de dos horas de un sublime rock progresivo que abordó con solvencia los clásicos básicos de una banda referente y vigente al máximo viendo la asistencia de mayores y no tan mayores.

Imágenes espaciales y desérticas proyectadas desde el fondo nos introdujeron apaciblemente en “Speak To Me/Breath”, en un inicio idílico hasta que el implacable bajo de Waters tensara el ambiente con “One Of These Days”, y “Time” nos confirmara que no había mejor sitio donde estar en ese preciso instante. Actitud sin paliativos en “Welcome To The Machine”, supliendo en ocasiones a una voz lógicamente mermada (la tos nos hizo padecer por momentos), siendo de justicia resaltar a las dos coristas con aspecto Lynchiano que dieron mucho juego, y la labor de Jonathan Wilson, quien tal como su jefe dijo, hizo de David Gilmour, y fantásticamente por cierto, tanto vocalmente como a las seis cuerdas. Temas del nuevo LP incidieron en la situación política actual, algo presente en toda su carrera, mención para Afganistán incluida, en temas como “The Last Refugee” o “Picture That”. La preciosa “Wish You Were Here” y “Another Brick In The Wall”, con los habituales niños en primera fila pusieron fin al primer acto, que dio paso a veinte minutos de descanso, dentro de un formato acertado, más teniendo en cuenta la avalancha sensorial que se avecinaba.

Y es que el inicio del segundo acto, enlazando “Dogs”, “Pigs” y “Money” se reveló como la mejor parte de la noche. Las sirenas de la fábrica nos llamaron a alienarnos bajo ella, en un montaje que descendió sobre nuestras cabezas, para inmediatamente después convertirse en pantallas por las que Trump, Theresa May o el especialmente increpado M punto Rajoy, entre muchos otros, aparecieron al ritmo de “Pigs (Three Different Ones)”. Despliegue tecnológico anonadante, Trump pillando cacho sobremanera hasta ese “Trump eres gilipollas”, con la banda interpretando y creando un espectáculo increíble, perfectamente maquinado y ejecutado. Sin descanso, “Money” nos mantuvo en una nube con un Wilson, como digo, perfecto a las voces, acompañado de Dave Kilminster en la otra guitarra, quien se lució en el solo. “Brain Damage” y “Eclipse” finalizaron, al igual que en “The Dark Side Of The Moon”, con el efecto láser reproduciendo otra postal típicamente floydiana. Con un Waters preguntándose qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos, en un “speech” visceral y sincero, encaró unos bises acústica en mano con “Mother” y dejó para el final “Comfortably Numb” frente al entusiasmo de un Sant Jordi consciente de haber vivido una cita inolvidable.

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