Critica del concierto de Guns N' Roses en Estadi Olimpic de Montjuïc (Barcelona) el 1 de Julio de 2018La mas completa agenda de conciertos y bares, asi como la biografia y discografia de los principales grupos que tocan en Barcelona.
    

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Guns N' Roses
Estadi Olímpic Lluís Companys
01/07/2018

Texto: Fernando Poveda
Cartel promocional

El “Not In This Lifetime Tour”, nótese la ironía del nombre de la gira, recaló finalmente en Barcelona, dos años después de que la esperadísima y ya casi desechada idea de la reunificación de la formación “casi original” de los Guns sacudiera el panorama rockero internacional. Dos años en los que los Guns ya pisaron territorio nacional; Axl se calzó las botas, no exento de polémica, de Brian Johnson en AC/DC ,con nota (¿no querían sorpresas…?, dos tazas), para horror o delirio de los fans de los aussies; y la gira mundial mencionada con Slash, Duff y el vocalista se desarrollara hasta el concierto que nos ocupa, con una banda engrasadísima, que desarrolla un show con pocas variaciones entre fecha y fecha, milimetrado, pero que nos aplasta con más de 3 horas donde cabe casi de todo. Tras más de 20 años sin unir fuerzas, donde las andanzas de los protagonistas no dejaron plenamente satisfecho a casi nadie – personalmente, Velvet Revolver me aburrieron soberanamente, al igual que nunca conecté con los mercenarios de Axl – da la impresión, de que han querido dejarse de pamplinas y, con toda seguridad, algo tarde, poner de una vez las cosas en su sitio y dar a la gente lo que espera de ellos, dar lo que aún son capaces de entregar a sus fans, y hacerlo al 100%, sin retrasos, divismos ni enfrentamientos, con honestidad, con la música en primer plano.

Y cuando asevero tal afirmación, me baso en la actitud y fuerza con la que los tres gunners afrontaron un repertorio que picoteó de inicio como no podía ser de otra manera, en un álbum de leyenda como “Appetite for Destruction”, calentando con “It’s so Easy”, “Mr. Brownstone” o “Welcome to the Jungle”. También en la inclusión de piezas posteriores a su separación en los ’90, véase “Chinese Democracy” o “Better”, del monstruo de mil cabezas pergeñado por Axl, o incluso de “Slither” de los mencionados Velvet Revolver, lo que da a entender que la relación y entendimiento entre ellos debe haber mejoado considerablemente respecto a lo visto/oído en el pasado. De majestuosa se podría calificar la presencia y la elegancia con la que Slash apareció en todos y cada uno de los momentos en los que ejerció de guitar-hero, ya fuera en los momentos reservados a su lucimiento (piel de gallina en su habitual recreación de la melodía de “El Padrino”), como en la finura impresa en su estilo, sin duda un icono rock absoluto. Y aunque la voz del rubio frontman no esté como antaño, notorio fue en “This I Love”, sonando débil, cansada, y en otras canciones puntuales; las expectativas superaron por mi parte lo esperado, consciente de sus posibilidades, dosifica y mide cuando forzar y saca adelante un recital tan exigente sin problemas. Los movimientos marca de la casa y esa mirada de lunático cabrón nos recordaron al mejor Axl, aunque fuera en “November Rain”, sentado al piano, cuando mejor conectara con los allí presentes, en una solemne interpretación con la que muchos viajamos mentalmente a los primeros ’90.

Pero además, como digo, hubo de todo, el fan ilustrado difícilmente pudo salir decepcionado: se paseó por los dos volúmenes de “Use your Illusion” con la tralla de “You Could Be Mine”, de “Live and Let Die” o con una “Double Talkin’ Jive” atronadora que sonó a Motörhead pisando a fondo (de lo mejorcito de la noche), con la épica de la imprescindible “Estranged” o con “Coma”, y con el preciosismo melancólico de “Don’t Cry”. Se tiró atrás en el tiempo para rescatar “Shadow of your Love”, demo para completistas que ha revivido en la reciente caja conmemorativa publicada para el aniversario de “Appetite”, o temas acústicos del “Lies” como “I Used to Love her” o una muy bien recibida “Patience”. Duff, como de costumbre, tomó el mando para sacar su vena punkarra y de paso recordar a Thunders y a los Misfits en “Attittude”, así como versiones de los Who, Pink Floyd o de Soundgarden (guiño clarísimo al desaparecido Cornell), dieron colorido entre las imprescindibles “Rocket Queen”, “Sweet Child O’Mine” o una brutal “Nightrain” con la que cerraron antes de los bises. “Paradise City” supuso el punto final a una noche excesiva, algo de lo que siempre hicieron bandera Guns N’Roses, solo que en esta ocasión perpetrando una sucesión de momentos imborrables, a cargo de unos músicos en estado de gracia. Y eso, en una banda tan vilipendiada en tantos momentos, a día de hoy, no está nada mal.

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