Critica del concierto de Dokken + Vanadine en Razzmatazz sala 2 (Barcelona) el 31 de Octubre de 2015La mas completa agenda de conciertos y bares, asi como la biografia y discografia de los principales grupos que tocan en Barcelona.  
    

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Dokken + Vanadine
Sala Razzmatazz 2
31/10/2015

Texto: Max G. Lavarello
Foto promocional

Quedaba ya lejana la última visita de Dokken a Barcelona, y ocho años después volvían para presentarse en la misma sala, la segunda de Razzmatazz, en una breve gira europea cuya última parada era, precisamente, la Ciudad Condal. Cualquiera que asistiera a aquel concierto que estos maestros del hard melódico llevaron a cabo en octubre de 2007 junto a los alemanes Kingdom Come, recordará perfectamente que lo único que falló en esa ocasión fue la voz del propio Don, y esta vez volvió a suceder exactamente lo mismo. La banda, como aquel entonces, estuvo impecable. “Wild“ Mick Brown (el único miembro original junto a Don Dokken), sigue siendo un animal a los parches; Jon Levin es el sustituto ideal de George Lynch a las seis cuerdas; y Chris McCarvill (la vez anterior el bajista era Barry Sparks, que milita desde hace años con Brown en la banda de Ted Nugent), demostró ser un excelente músico y corista. Lo que sucede, y sucedía, con Don, es que, sencillamente, ya no puede cantar en directo. Al menos, esto es lo que me han demostrado ambos conciertos, que son, de hecho, los dos únicos que he presenciado de él. Y, a juzgar por las crónicas de sus recientes shows en Estados Unidos, parece que no me equivoco. A pesar de todo, Dokken siguen grabando buenos discos, y buena muestra de ello son, sin ir más lejos, los dos últimos, “Lightning Strikes again”, de 2008, y “Broken Bones”, de 2012, donde la voz de Don no parece, ni muchísimo menos, tan afectada como sucede sobre el escenario.

Pero empecemos por la primera actuación de la noche, la de los suizos Vanadine, un cuarteto que practica un hard rock con toques metálicos que recuerda al que se facturaba a principios de los años noventa. Músicos competentes y un cantante que ejerce con mucha motivación su rol de frontman. Temas más o menos efectivos, de riffs potentes y estribillos coreables, aunque poco imaginativos. Alguna que otra intro de corte electrónico que suena ciertamente desfasada a oídos de quien esto escribe. Digamos que Vanadine ofrecieron un buen concierto y supieron ganarse al público con temas como “Da Boobs”, “Fuck You”, o “Liar”, que da nombre a su único trabajo hasta el momento, publicado el pasado 2014.

Pasados los veinte minutos de rigor, empezaba a sonar por los altavoces de la sala “Without Warning”, el breve tema instrumental que abre su segundo álbum, “Tooth and Nail”, y que suele ejercer de intro en las actuaciones en vivo del grupo. Mick Brown fue el primero en salir y saludarnos con su característico y habitual buen humor, pero cuando la banda debía atacar con “Empire”, que da comienzo a “Broken Bones”, su último trabajo, podía intuirse por los gestos de Jon Levin que algo no iba bien. Un problema técnico en el equipo del guitarrista hizo que el inicio del concierto de Dokken se viera retrasado un buen cuarto de hora, durante el cual los roadies del cuarteto estadounidense se las tuvieron para solventar la incidencia. Cuando por fin la guitarra dio señales de vida y el show pudo empezar, Don Dokken saltó a escena para regocijo del público. Y fue entonces cuando el deplorable estado de sus cuerdas vocales resultó evidente para todos los que nos encontrábamos allí. Como en su anterior visita a Barcelona, no ayudaba en absoluto que Don apareciera cada dos por tres con un cubata en la mano, si bien esta vez no se encendió ningún pitillo, por lo menos de cara al público. Veamos, es comprensible que no cante igual que en sus días de gloria. Se le puede perdonar que tenga que bajar su voz algunas octavas, que no alcance ciertos agudos, pero debería entender que no todo se soluciona transmitiendo buen rollo desde el escenario. Si a eso añadimos que, además de facultades, su voz ha perdido fuerza, pues…

Como dije al principio, la banda cumple sobradamente. Mick Brown es una locomotora, Jon Levin un sensacional guitarrista y Chris McCarvill, un gran bajista, y su trabajo a lo largo del concierto fue intachable; pero resulta frustrante tener que presenciar los grandes temas que forman el set list de la banda con un Don con las facultades tan mermadas. El repertorio, en general, estuvo muy bien escogido. Temas clásicos en su mayoría, como “Into the Fire”, “Kiss of Death”, “Alone again”, “The Hunter”, “In my Dreams” o “Breaking the Chains” (donde Don se colgó la guitarra para desempeñar las rítmicas, cosa que volvería a hacer en alguna otra ocasión), se mezclaban con números de sus obras posteriores, tales como “Maddest Hatter”, “Too High to Fly” o la fantástica “This Fire”. Aunque resulta casi imperdonable que se dejen en el tintero un himno como “Unchain the Night”, pero qué le vamos a hacer…

El público asistente, tal vez por lo festivo de la noche (Halloween parece que ha llegado para quedarse), fue benévolo con Don e hizo lo posible por divertirse a pesar del estado de la garganta de nuestro amigo. Es obvio que semejante colección de canciones es un punto a favor para dejarse llevar, pero creo que todos los que estuvimos allí nos lo pensaremos mucho antes de volver a asistir a otro de sus recitales. Desconozco si cabe la posibilidad de que Donald Maynard Dokken recupere, aunque sea parcialmente, algo de la voz de la que hacía gala antaño, pero si algo tengo claro, es que, a día de hoy, se hace muy difícil disfrutar plenamente de un concierto suyo.





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